ALCAZ es joyería contemporánea, donde líneas netas, formas limpias, volumen, piedras naturales, plata y oro van hacia la búsqueda de la armonía entre la pieza y quien la va a llevar puesta, complementando nuestro estilo con el propio.

UN TALENTO PARA ATESORAR

Humilde, pensante, apasionada. Silvana Chiavetti es artista plástica. Su desempeño como tal la llevó más allá de lo que sus sueños, alguna vez, le auguraban. Fue precursora del diseño de joyas en Argentina. En el seno de una familia de artistas, un padre pintor y una madre bailarina, Silvana eligió el arte como forma de vida.
Se la ve espontánea, transparente, elocuente. Sorprende su humor, su calidez, su don de gente.

“Por Argentina a muerte, porque Argentina es mi tierra”

Silvana comenzó a incursionar en joyería luego de haberse tomado dos años sabáticos como descanso tras haber participado de una producción de pintura muy fuerte durante cuatro años. Su enfermedad “conveniente”, la hiperkinesis, le había permitido trabajar durante diecisiete horas diarias: “Llegué a dormir una hora al día porque se me ocurren cosas permanentemente y las hago, pero esto, si no está regulado, puede ser un problema”.
Su pasión por inmiscuirse en su propia cultura, la condujo a recorrer en profundidad la Ciudad de Buenos Aires. “Siempre me llamó la atención que la gente se fuera a otro país a conocerlo a fondo o a otra ciudad que no le era propia. Me maravillé con la cantidad de barrios alucinantes de Buenos Aires, debido a las diferentes corrientes inmigratorias que hicieron de cada zona de la ciudad una estampa de su país de origen.” Pero luego de investigar cada rincón de su lugar de pertenencia, Silvana comenzó a explorar la joyería.
“Yo ya era profesora nacional de Bellas Artes cuando decidí incursionar en el rubro joyero. Fui a la Escuela de la Joya y allí tuve la dicha de tener a los maestros fundadores por los que sentía admiración total. Con ellos, aprendí las bases de la joyería desde una mirada adulta profesional.”
Su interés por bucear en otra disciplina del arte surge del contacto con su propia familia. “Las joyas me fascinan, siempre me gustaron. Una de mis abuelas, Florinda, usaba cantidades impresionantes de joyas. Lucía colgantes, varias pulseras de platino, diamantes y rubíes. Yo crecí colgada de ella mirando todo eso y me parecía que así debía ser el arreglo de todo el mundo. La conexión con la joya me surge de ahí y también del contacto que tuve con la joyería de teatro en las épocas en que mi madre era bailarina del Colón. Mi hermana y yo nos pasábamos la mitad de la semana dentro del teatro. Allí, pude ver en los camarines cómo se hacían los arreglos, analizar la joyería teatral y los trajes. La joyería teatral tiene que tener además del lucimiento, determinadas características para que la persona que la vaya a usar pueda realizar los movimientos con total libertad sin tener ningún inconveniente, ni ninguna pérdida de la pieza. Deben tenerse pautas para la construcción. Desde qué distancia va a ser vista, el peso de las piezas, si va a haber luces color (porque el color de la piedra va a variar de acuerdo al color de luz que reciba), qué personajes serán los más relevantes y por tanto llevarán más y mejores joyas.”
Su paso por la joyería no fue silencioso. El empeño por superarse y superar las condiciones de aprendizaje vigentes, la condujo a desarrollar un programa de estudios de dibujo técnico aplicado a la joyería, inexistente hasta el momento en el país.
“Ingresé a la escuela, pero no me dejaban cursar Dibujo ni Historia porque ya las tenía aprobadas al haber hecho mis estudios en Bellas Artes. Por lo cual el director me tuvo todas las tardes rogándole que me permitiera asistir a clase. Yo consideraba que Bellas Artes tocaba una determinada mirada de la estética, y la joyería tiene una técnica particular, entonces no pueden ser estudiadas de la misma manera. Finalmente, vencido por mi insistencia me mostró el único programa que había, que era un programa de Caligrafía, ante el cual me quedé tiesa. Yo esperaba un dibujo técnico para joyería porque estamos hablando de construir objetos que van a ser usados, entonces hay que tener en cuenta espesores, alturas, pesos.”
Su fervor y amor al trabajo la condujeron a alcanzar un objetivo más en su larga lista de logros. Durante ese verano compró todo lo que encontró de dibujo industrial. Tras largas jornadas de estudio, finalmente creó el Programa de Estudios de Dibujo Técnico aplicado a joyería. Proyecto que no sólo fue un éxito en el momento, sino que incluso permanece hoy en día vigente en la Escuela de la Joya. Cada tanto lo va aggiornando de acuerdo a los avances tecnológicos. “De esta forma, me fui involucrando cada vez más en el campo de la joyería y se fue convirtiendo en mi modo de vida, no sólo económicamente sino en todo sentido.”

“Es el significado, el significante, el símbolo, es un mandato”

Es un concepto sabido que a través de la obra de arte se busca expresar algo. ¿Qué expresás a través de la joyería?

Es un eje lo que acabas de decir. Cualquier expresión humana ya sea culinaria, indumentaria, atención al público, joyería, pintura, lo que sea, siempre conlleva un mensaje aunque no se desee. Cuando estás haciendo un diseño, armando una pieza, con lo que hacés estás diciendo al menos lo que te pasa. A veces uno intencionalmente puede querer expresar una idea o una ideología, llevar un mensaje, bajar una línea o enrostrar tal cosa. Pero cuando vos trabajás para otro es como cuando hacés teatro, tenés que meterte en el otro, estudiar ese personaje, reconocer sus características y actuar. Tenés que lograr meterte en la cabeza del otro y diseñar como si fueras el otro. Y así es que te encontrás haciendo cosas que no harías en absoluto. Es muy atractivo.

¿Qué hace especial a la joyería como arte plástico que la diferencia de los demás?

La diferencia es que la joya al ser llevada por una persona y convertirse en la presentación o el distintivo de la misma, completa su imagen, es un ser con la persona: una joya en sí misma. La coloca en lugar de emocionalidad que no lo tiene otro tipo de arte, te está diciendo qué es el otro, o qué quiere que vos pienses. Lo que hace todo objeto que yo me ponga es que la otra persona, indefectiblemente, me mire, que su atención se capture y esté observándome. Todo ese tiempo que me está observando, a mí me sirve para mostrarle quién soy, para hacerle ver mi adentro. Es la puerta para que el otro me conozca.
Cuando vos estás frente a una persona que tiene joyería tradicional te está dando la información de que por lo menos en ese momento tiene una actividad o comportamiento convencional. Pero cuando esa misma persona se va de vacaciones y se pone otro tipo de adornos personales, está anunciando que está dispuesta a otro tipo de actividades, más libres.
Eso es lo que tiene la joyería como tarjeta de presentación, como anuncio que no tiene otro arte. Es una mano extendida diciéndote quién es el otro.

¿Con respecto a la concepción histórica de las joyas como un emblema de poder, para vos se ha ido perdiendo?

Hay que tener en cuenta que hay muchos tipos de joyas. No específicamente la joyería distintiva de jerarquía, de marqués, rey, pero la joya sigue siendo un “instrumento de poder”. La joya es un artículo o producto de primera necesidad emocional y psicológica, y no de primera necesidad material o biológica. Sigue siendo instrumento de poder, dado que cuando alguien está usando joyería, está ejerciendo el poder de atraer el otro, el observador hace una lectura circular todo el tiempo y la joya está como un faro llamando la atención.
Además, históricamente, los hombres se colgaban elementos como, conchillas, colmillos, a través de los cuales estaban diciendo “Yo cacé este animal”, prueba rotunda de poder. Esto, hoy sigue siendo igual, regalar una joya como ofrenda a otra persona, significa, en realidad, regalar la prueba de lo que uno puede. Es una expresión de tradición, de fe, de relaciones. Es el significado, el significante, el símbolo, es un mandato. (Continúa en proxima entrega)